Velorio
DE FUNERALES
Hoy
asistí al entierro de un amigo mío. Me divertí poco, pues el
panegirista estuvo muy torpe. Hasta parecía emocionado. Es inquietante
el rumbo que lleva la oratoria fúnebre. En nuestros días se adereza un
panegírico con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa increíble y
absurda! con alabanzas para el difunto. El orador es casi siempre el
mejor amigo del muerto, es decir, un sujeto compungido y tembloroso que
nos mueve a risa con sus expresiones sinceras y sus afectos
incomprensible. Lo menos importante en un funeral es el pobre hombre que
va en el ataúd. Y mientras las gentes no acepten estas ideas,
continuaremos yendo a los entierros con tan pocas probabilidades de
divertirnos como a un teatro.
Julio Torri, Ensayos y poemas, 1917.

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